El Ágora Político: PRO - Inflación

ÁGORA POLÍTICO 26 de octubre de 2020 Por Lucía Macellari y Leo Mondino.
Ágora Político del 24 de Octubre: Inflación. Espacio político del Partido PRO.
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El Estado argentino, como otros países, necesita recaudar dinero para poder volcar estos fondos en diferentes áreas que permitan el funcionamiento de una nación. Cabe señalar que; como en cualquier organización, un país obtiene ingresos de parte de sus ciudadanos a través de impuestos directos e indirectos, entre otros instrumentos de recaudación. Además, el Estado realiza gastos variados en distintas necesidades poblacionales y estructurales para su funcionamiento como tal. En las últimas décadas, el equilibrio de estas dos variables ha sido desfavorable para la Argentina, provocando un déficit fiscal, que debe cubrirse con repetidas emisiones de deuda en diferentes formatos e impresión monetaria. En resumen, el Estado se financia de tres formas: impuestos, deuda y emisión monetaria. Durante muchos años, Argentina ha tenido una tendencia secular del Estado a gastar siempre por encima de sus recursos. En esta situación de congelamiento de la economía por la cuarentena, como forma de prevenir la propagación del coronavirus, el déficit fiscal se vuelve más grande para el Estado argentino.

En Argentina, implica agravar un déficit fiscal crónico que ha durado décadas. Por lo tanto, lo que termina pasando en nuestro país es que siempre terminamos en una excesiva emisión monetaria al no poder recaudar más, a través de muchos impuestos elevados, que también obstaculizan el crecimiento y la inversión, siendo así, los que a la larga generan una economía formal. Cuantos más impuestos, menos empresas, menos puestos de trabajo, y por tanto más empleo informal, que conlleva al Estado a recaudar menos, y así, inevitablemente, tener que recurrir para financiar el déficit fiscal de deuda externa o emisión monetaria, que no es más que el principal factor por el cual existe la inflación, o como nosotros desde el PRO le decimos: el impuesto a los pobres, ya que la inflación hace que el precio de los bienes y servicios se incremente, o que el valor del dinero disminuya, afectando el poder adquisitivo de las personas. La gente pobre devenga muy pocos ingresos, y cualquier aumento en la tasa de inflación disminuye su tan poca capacidad adquisitiva, por lo que le imposibilita el acceso a los bienes y servicios. La inflación puede llevar a una persona no tan pobre; a la extrema pobreza, donde la mayoría de los bienes y servicios se vuelven inalcanzables, como consecuencia del crecimiento generalizado de los precios.

Entonces, ¿cómo combatimos a la inflación? Simple en el discurso, pero difícil de conseguir en una Argentina que ha vivido durante muchos años con el populismo, que se cree dueño de la maquinita de hacer billetes. ¿Cómo? Estabilidad macroeconómica. Como cualquier país que desee un crecimiento sostenido, Argentina necesita una macroeconomía estable, equilibrando su presupuesto público y, generando condiciones regulatorias y fiscales para crear empleos formales e iniciar un proceso continuo de reducción de la pobreza.

Como partido político, creemos que estos objetivos deben lograrse no de cualquier manera, sino privilegiando a largo plazo las inversiones que permiten la actividad económica y desactivando el impuesto inflacionario, con una política monetaria prudente y un tipo de cambio acorde con sus necesidades de integración internacional. Sólo con equilibrio en el presupuesto y, la lenta y difícil recuperación de la confianza institucional y en la moneda, podremos bajar la presión fiscal e incrementar las posibilidades de nuestra economía.

Como lo hemos visto cuando Macri fue Presidente, este es un camino fatigoso, pero no hay otro sencillo. Seguramente, puede recorrer de muchos modos, pero el camino es ése. El mismo que recorrieron otros países que salieron de crisis prolongadas. Creemos que estos deben ser las bases de la conversación sobre política económica, planteando la discusión sobre un modelo de desarrollo económico. Las líneas de base de este modelo deben ser el impulso de una cultura exportadora, el desarrollo de mercados e inversiones en los lugares donde no puede (ni debe) llegar el Estado, y, la defensa de la competencia en todos los sectores, sin monopolios o carteles que perjudiquen al Estado, a los consumidores o a las empresas nuevas.

Para lograrlo, los argentinos debemos tener la convicción de que los cambios no se pueden dilatar indefinidamente y que no se trata de una cuestión de ciclo económico: hay que cambiar de era. El consenso macroeconómico es indispensable, pero debe ser apenas el primer paso de una nueva trama económica más competitiva, más intensiva en conocimiento, más integrada al mundo, más diversa y sobre todo, más responsable. No habrá, por lo tanto, reformas sinceras, consistentes, sostenibles y favorables al surgimiento de una Argentina más próspera y justa si no nos animamos a discutir la asignación prioritaria de recursos públicos, las responsabilidades federales y provinciales, el lugar de la generación de empleo entre las prioridades sociales, nuestro nivel de apertura económica y tantos otros ítems que, con frecuencia, se han vuelto slogans eficientes para ocultar ventajas sectoriales, privilegios o incluso entornos de corrupción abierta.

Como ha dicho el Ex Presidente Mauricio Macri en varias entrevistas recientemente: La economía se maneja con expectativas. La economía sin moneda no existe. Hablamos del dólar porque no tenemos moneda. Durante años no hemos podido sentarnos alrededor de una mesa y decir: ‘Esta es la plata que tenemos y estas son las prioridades. No se puede gastar más que esto, con esta plata nos arreglamos. Y con impuestos que no sean confiscatorios’.

Mientras sigamos en un país que gaste más de lo que produce, que no genera confianza y que no incentiva a generar una economía formal en donde 10 millones de laburantes bancan al resto de los 45 millones de argentinos, el déficit fiscal seguirá siendo el padre de una inflación que nos hace cada día más pobres de lo que ya estamos.

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