"Los adultos somos las herramientas"

Justiniano Posse 30 de junio de 2021 Por Francisco Bianchi
El pediatra Enrique Orschanski realizó una conferencia sobre las infancias en tiempos de pandemia. Fue organizado la semana pasada por Panacea, para la comunidad possense.
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Orschanski dialogó con Periódico Posdata.

La charla, titulada “La salud de niños, niñas y adolescentes durante la pandemia”, llegó a la comunidad por parte de Panacea. 

Posdata: ¿Los niños y adolescentes fueron los que más sufrieron la pandemia?, en caso de que sí, ¿porqué?

Orschanski: “TODAS las personas sufrieron y sufren los efectos de la pandemia.  En el caso de los niños hubo varias etapas. La primera fue de sorpresiva alegría inicial por recibir ‘vacaciones’ a mitad de marzo del 2020. En muchos hogares se vivió un genuino reencuentro familiar que fortaleció vínculos y eso fue vivido por todos como una ganancia. Esa etapa de arreglo de cajones, recetas de cocina y memes por doquier tuvo su momento de inesperado alivio.  Pero luego, la prolongación del encierro, el miedo concreto a perder a un familiar y la falta de pares comenzó a mostrar otro aspecto: la incertidumbre. La falta de certeza de cuánto duraría este profundo cambio y cuándo y cómo podrían retomar sus actividades previas. Ya en el 2021 lograron algo más de movimiento, de albedrío y les ilusionó retomar el colegio presencial ¡Quién diría que ellos, que siempre se quejan de la escuela, la extrañarían! Muchos síntomas emocionales, como pesadillas, miedos, retrocesos madurativos en general, dolores corporales y tics; mejoraron o desaparecieron al recuperar actividades con amigos y vecinos.  Entonces quedó demostrado que el principal ordenador social de los chicos y chicas es la escuela” comienza mencionando Orschanski, quién además de su profesión dentro de la salud también es autor de diversos trabajos científicos y del libro “Pensar la infancia”, entre otros.

Sobre el foco puesto en niños y adolescentes, agrega que “desde el punto de vista sanitario, el infantil fue el grupo menos afectado directamente por el SARS Cov-2, aunque las nuevas variantes actuales deben ser consideradas de riesgo para ellos. Esta realidad es cambiante. En el caso de los adolescentes sus conductas naturalmente transgresoras se incentivaron frente a un aislamiento obligatorio y por cumplir normas estrictas de cuidado personal. El enojo fue masivo, y las familias conocieron el malhumor en su máxima expresión. La soledad fue otro síntoma nombrado, aun en tiempos de conectividad perpetua, develando otra verdad: los adolescentes necesitan, para su objetivo principal que es la construcción de su identidad, el contacto personal, además de las redes sociales”.

Consultado sobre el rol que toman, o deben tomar, los adultos respecto a cómo sobrellevar la pandemia entre los familiares de menor edad, Orschanski afirma que “nosotros somos las herramientas. Nuestra angustia será reflejada por los chicos; también nuestra tranquilidad. Es imprescindible no perder nuestro lugar de adultos, es decir personas con criterio e identidad formados para conducir con afecto y respeto. Podríamos refundar esos lazos familiares que siempre aportan seguridad. Podríamos comprender que muchos chicos perdieron la educación formal, pero no me refiero a contenidos pedagógicos sino lo más importante que se aprende en el colegio: a esperar, a respetar horarios, a reconocer jerarquías de conocimiento, a sociabilizar con amigos y con otros no tanto, a incluir, a madurar copiando lo que ven en sus pares. Podríamos entender sin desesperar a los que volvieron al chupete, a los pañales o a dormir en la cama grande. Los miedos los acorralan. Ya avanzarán. Podríamos saber de su plasticidad al momento de adaptarse a nuevas realidades y sin secuelas; y finalmente podríamos advertir que los chicos están aproximándose a la noción de muerte mucho antes que generaciones previas. Y devolverles pulsión de vida”.

P: ¿Cómo debemos usar esas herramientas que mencionas con niños y adolescentes?

O: “Con los más pequeños, la clave es estar. Los hijos pueden perdonar a los padres cualquier cosa, excepto la ausencia. Con los adolescentes, mostrando modelos de paciencia, honestidad y trabajo. La mayoría está cerca de comenzar a pensar en su destino laboral o académico y, con o sin pandemia, deben consolidar valores fundamentales para poder tener un proyecto de vida”.

El disertante para la comunidad possense (que debió presentarse de manera virtual por cuestiones lógicas relacionadas a las restricciones pandémicas) cuenta, entre otros ítems de su currículum, con una charla TEDx en  2014, particularmente por su compromiso con el complejo mundo de las relaciones humanas en torno a la infancia y por su rol activo promoviendo mejoras en la crianza de los niños.

Por ello, como un guiño a la esperanza de lo que serán los próximos meses del 2021 concluimos la nota con la siguiente pregunta: ¿Cómo imaginas la recuperación de los hábitos prepandémicos?

O: “Sinceramente, espero que muchos de los hábitos previos no sean recuperados. Me refiero al apuro, al desorden cotidiano en las comidas y en el descanso, en el abuso de la tecnología o en la atomización familiar. Que esta tragedia nos deje repensar adónde íbamos, para trazar un nuevo camino más tranquilo, solidario y justo. A velocidad humana” menciona el profesional, y vuelve el foco de sus palabras a los más pequeños cuando afirma que “la prioridad en el segmento infantil, desde mi punto de vista, será recomponer el amplio grupo social sumergido en la pobreza, al que la pandemia le quitó hasta lo que no tenía”.

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