Mejor hablar de ciertas cosas

Justiniano Posse 10 de marzo de 2021 Por Francisco Bianchi
Columna de la Colectiva de Mujeres de Justiniano Posse sobre los femicidios sucedidos durante los primeros meses del año 2021.
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Columna de género.

Los números de femicidios de este año son alarmantes y la cuenta parece no tener fin, las acciones no son suficientes y hay mucho por reflexionar, exigir y cumplir.

Desde hace ya un tiempo los movimientos feministas venimos poniendo sobre la mesa el accionar del sistema patriarcal y sus consecuencias, ya que las herramientas actuales no son suficientes para paliar dicha problemática.

Cabe mencionar que el día 17 de febrero desde Ni Una Menos se  convocó a una marcha nacional para pedir justicia por el femicidio de Úrsula y junto a este reclamo se pide por todas.

Este femicidio dejó al descubierto las fallas de un sistema estructural, que deja a las víctimas de violencia de género indefensas, es por esto que la respuesta del estado debe ser urgente.

Entonces, ¿Qué se debe modificar? ¿Qué pasa con las herramientas existentes? ¿ Por qué aumentan los casos de violencia de género?¿ Cuál es el rol del Estado? Vamos por parte.

El 10 de enero del 2019 se promulgó la Ley Micaela que establece la capacitación obligatoria en género y violencia de género a todas las personas que se desempeñan en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Hasta el momento, el jurídico es el que se negó a realizarla. Es por esto y por el accionar inoperante de varios de los eslabones que conforman el sistema en cada caso, que se pide una reforma judicial feminista de manera urgente. Aunque no se haya determinado, estamos en Emergencia Nacional, es necesario que se cumplan las políticas de estado pertinentes.

Desde el plano educativo, contamos con la Ley de Educación Sexual Integral aprobada en el año 2006, herramienta fundamental para la prevención y erradicación de la violencia de género a partir de la construcción de otras infancias, sin embargo, no se aplica en la totalidad de las escuelas de nuestro país.

De la misma forma, es importante analizar qué pasa con las fuerzas policiales. De hecho, un dato no menor. es que Matías Martínez, el femicida de Úrsula, es oficial de la Policía Bonaerense. El 12% de los femicidios es a mano de personal policial o retirados.

Por otra parte, el 25% de los casos de violencia de género registraron denuncias previas, muchas de ellas no son rastreadas, cientos de mujeres que llegan a las comisarías sienten que no son cuidadas y que sus relatos no son creíbles. Además, no se siguen los mismos procedimientos en los diferentes casos.

De forma similar, todavía se sigue preguntando ¿Qué hiciste ´para que te pegue? El personal policial tampoco está capacitado con perspectiva de género en sus accionares y en muchas oportunidades quienes deberían cuidarnos nos reprimen (como lo vimos con las amigas de Úrsula) o que no se nos protege, ni se nos considera personas en riesgo.

Tampoco existe un abordaje feminista ni con perspectiva de género, con enfoque en derechos humanos en los medios de comunicación. Un ejemplo de ello es como se trata la información. Vemos cómo se protege la imagen del agresor, como se culpabiliza y responsabiliza a las víctimas. Observamos también morbo amarillista en el manejo de las  imágenes.

En conclusión, el caso de Úrsula vino a mostrar como una adolescente que siguió todos los pasos esperables, comunicó a  sus amistades y familia, denunció más de 15 veces, pidió botón antipánico que llegó luego de su femicidio, fue víctima de la desidia y el abandono. Vino a desenmascarar aún más a un sistema estructural obsoleto y decadente.

Hoy estamos hablando que tenemos Una Menos. Muchísimos de estos femicidios son crónicas de muertes anunciadas, casos evitables que pueden ser tratados o resueltos a tiempo. Si como sociedad seguimos negando y restándole importancia a la realidad más cruda ante nuestros ojos, fracasamos como humanidad, La violencia de género es un tema que nos compete a todes.

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