Había una vez...

COLUMNAS 14 de diciembre de 2020 Por Francisco Bianchi
Dieciséis días de activismo contra la violencia a la mujer: El rol de la literatura en la construcción de género. Por Eliana Casalánguida, Pamela Baronio y Carola Carranza.
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Dieciséis días de activismo contra la violencia a la mujer.

Seguramente al leer la frase “Había una vez” viajaremos en el tiempo hacia nuestras infancias y recordaremos un sinfín de cuentos que acompañaron nuestro crecimiento y dejaron profundas huellas aunque no lo hayamos podido advertir. 

Entonces, pensemos en los cuentos clásicos, en las historias de Disney que durante décadas y décadas han formado parte de la construcción de múltiples infancias alrededor del mundo. Han fomentado la imaginación y representación, han moldeado y proyectado roles de género que se suponía, la sociedad pretendía para los más pequeños llegada la adultez. Sí, nada inocente. 

Es así que podemos decir que la literatura, esa palabra colmada de acervo cultural, cumple una función muy importante en la sociedad, es el cúmulo de diversas visiones de mundo, manifestaciones culturales, mitologías, creencias y tantas acepciones más, por lo que leer se hace imprescindible para crecer, aprender, crear un pensamiento propio,  crítico y ser libres. 

De hecho, en los cuentos clásicos, como mencioné anteriormente aparecen tipos de personajes con respectivas personalidades que van definiendo de alguna manera nuestras tendencias o predilecciones “de mundo”. Princesas, madres, brujas, madrastras. Las primeras asociadas a la belleza física que se muestra bajo patrones hegemónicos sin atender a cuerpos diversos y amplitud racial (piensen en las princesas que conocen) Las madres se reflejan en la abnegación, el sacrificio, la obediencia y la bondad que claramente heredan a sus hijas.

Las madrastras son las segundas mujeres de los padres, por lo general malas y siempre hacen lo posible para lastimar a sus hijastras y recurren a artilugios para lograr lo que se proponen. 

Así mismo, en contraposición, los personajes relacionados a lo masculino suelen ser en su mayoría príncipes que deben rescatar y salvar a una princesa para casarse y conquistar el reino, el legado que sus padres les han dejado. Son obedientes, pulcros, no lloran, proveen, desafían, no tienen miedo. O son ogros, poco agraciados físicamente, volviendo al concepto de hegemonía. Y las brujas son feas y deformes, lastiman, generan caos, matan, usan sus poderes ancestrales para el mal.  Todo esto, ¿no les hace un poco de ruido? No hay nada ingenuo aquí. 

Por esto, si crecemos viendo y leyendo que hay determinadas formas de ser hombre y mujer, claramente repetiremos esos patrones. Es necesario empezar a crear otros modelos de “ser”, corrernos de los mandatos y estereotipos, no reprimir emociones, dialogar y hacer visible que las brujas son también las curanderas, yuyeras, abuelas sabias, que no todas queremos ser como las princesas y que los niños pueden bailar. 
Es hora de derribar lo que nos han impuesto durante tanto tiempo, es hora de corrernos de la idea de lo binario, de que los colores y los juegos tienen sexo y que existen roles de género. Apostemos a infancias libres, donde cada niñe tenga la posibilidad de explorar la vida y crecer eligiendo quienes quieren ser, jugando, haciendo lo que desean, disfrutando de la diversidad, amando sus cuerpos tal cual son. 

Claro que no significa que debamos tirar a la basura los cuentos clásicos u olvidarlos en un rincón, sino que podamos abrir otras puertas, repensar las horas de lecturas compartidas en familia, desarmar historias, hacernos preguntas y pos supuesto también, buscar otras alternativas de material literario que proporcionen historias de personajes verdaderos que tomaron distintos rumbos de vida, lucharon por sus sueños, tejieron redes, conquistaron derechos, desafiaron límites, etc.  

Cabe destacar que hoy encontramos en el mercado libreril y bibliotecas, material con narrativas que poseen enfoques diversos en sus temáticas y otorgan posibilidades de ampliación de miradas. Citaremos algunos ejemplos: Colección “Antiprincesas y Antihéroes” de la Editorial Chirimbote, “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes” de Editorial Planeta, “Mujeres Insolentes” de Felipe Pigna, Editorial Emecé, “Oliver Button es una nena”, “La Cenicienta que no quería comer perdices”, “El Principe Ceniciento”, “Las princesas también se tiran pedos”, “Cuentos para antes de despertar” y muchos títulos más que podemos investigar y conseguir. 

Consideramos necesario adentrarnos en modelos alternativos de lecturas, que no perpetúen lo binario, hegemónico, que no sancionen disidencias, que apuesten a un desarrollo libre y sano sin dictaminar “qué y cómo se debe ser” 

Como padres, familiares, amigos, seres que compartimos y acompañamos infancias es necesario deconstruir el entorno en el que crecimos, dejando de lado los conceptos de “normal y anormal” y apostemos a un cambio que se genere en la escucha, el respeto y el compromiso de crear un mundo mejor para las futuras generaciones, un mundo en el que prevalezca la belleza de la diversidad, donde no se les coloque etiquetas y puedan crecer en plena libertad.

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